Primeramente agradecerle a Dios por mi enfermedad, porque a través de ella, he conocido a la madre Dilce y muchas personas de buen corazón como también a Monseñor Adriano que gracias a él tenemos un techo donde dormir, comer y todo lo necesario.

Gracias a esta casa no me siento sola, porque es como si estuviera con mi familia. Doy gracias a Dios por haber puesto a las madres en nuestro camino, ya que ellas nos brindan su apoyo, su amistad, su cariño, y sobre todo su amor.

Olga